JOSÉ JOAQUÍN PEREZ

Santo Domingo - República Dominicana, 1845 - 1900

VUELTA AL HOGAR

Ondas y brisas, bruma, rumores, 
suspiros y ecos del ancho mar, 
¡adiós! que aromas de puras flores, 
¡adiós! que todo cuanto se alcanza, 
dicha, esperanza, 
y amor me llaman allá en mi hogar.

¡Ya ve el proscrito sus patrios lares! 
Ve azules cumbres lejos sombrear 
grupos de nieblas crepusculares, 
y el ansia siente del paraíso 
que darle quiso 
Dios en el seno del dulce hogar...!

Si peregrino, si solitario, 
otras regiones se fue a cruzar 
la ley temiendo de un victimario, 
¿el caos qué importa si un sol luciente 
brilla en su frente 
y hoy sonriendo vuelve al hogar?

¡No más torturas en su alma libre! 
¡No más memoria de su pesar! 
¡No el odio estéril sus rayos vibre, 
que el patriotismo ya sólo espera 
por vez primera 
calma y consuelo bajo el hogar!

Virgen de América, suspiradora 
cautiva indiana, vuelve a gozar; 
si atrás hay sangre, luz hay ahora... 
Ayer el hierro y hoy es la idea... 
¡Tu gloria sea 
ver a tus hijos junto al hogar!

¡Cuán bella eres acariciando 
todos unidos los que al vagar, 
-errantes unos y otros luchando- 
sufrieron ruda la tiranía 
que hacer quería 
huérfanos tristes sin pan ni hogar...!

¡Ya no hay festines patibularios! 
¡Ya no hay venganzas con que saciar 
su vil conciencia crueles sicarios! 
¡Ya no hay vencidos ni vencedores! 
¡Sólo hay de flores 
castas coronas en el hogar...!

¡Mi dulce Ozama! Tu bardo amante 
a tus riberas torna a cantar, 
y tras él deja, por ti anhelante, 
lejanos climas y humilde historia, 
tierna memoria 
¡del peregrino vuelta al hogar...!

Bajo tus ceibas y tus palmares, 
sobre tu césped y entre el manglar 
aún se oye el eco de los cantares 
de aquella infancia, fugaz, que en horas 
engañadoras 
llenó sus sueños de amor y hogar!

Y, ¡ven! le dice cada paloma 
tímida y mansa que ve cruzar 
desde la cumbre de enhiesta loma, 
cuando las alas tiende y su arrullo 
mezcla al murmullo 
del río que baña su dulce hogar!

Y, ¡ven! le dice ronco el estruendo 
que hace en las rocas lejos el mar... 
¡El mar!, que un día su adios oyendo 
fue de ola en ola su adios llevando, 
luego tornado 
con hondos ayes del pobre hogar!

Y todo cuanto su ser le diera! 
¡Ven! dice el polvo que va a besar 
donde mañana como postrera 
ráfaga cruce su vida breve, 
donde se eleve 
su tumba humilde junto al hogar!

Así, -suspiros, brisas, rumores, 
lánguidas ondas y ecos del mar-, 
adios decidme, que todo: amores, 
gloria, esperanza, paz bendecida, 
tiene hoy la vida 
del pobre bardo vuelto al hogar...!

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